viernes, 14 de mayo de 2021

AS DE PICAS (Miguel-Ángel)

 

As de picas (Miguel-Ángel)

 

 


Cuando era niño no sabía hablar y yo antes me consideraba diferente, cuando los otros me miraban y decían “por qué este chaval no habla”, hasta que me diagnosticaron Asperger a los 6 años.

Ahora tengo 18 y pienso que el Asperger es como una carta cuando eliges tu destino y tu destino es como un as de picas porque, como en un juego de cartas, con la carta que te toca has de jugar. Yo juego mi carta con responsabilidad, porque me hace sentir especial. Algunas veces pienso que es positivo tener Asperger, pero otras no; depende de lo que me pase. Sobre todo, antes cuando se metían conmigo, me echaban la culpa y no me podía controlar me sentía fatal, no me había tocado una buena carta, mala suerte. Pero es positivo cuando hago reír a los demás, cuando cuento chistes; me equivoco porque confundo las palabras; cuando soy muy preguntón (en esto fifti-fifti). Considero que es importante ser Asperger porque me hace ser buena gente.

Mis padres me ayudaron a hablar gracias a la logopeda del colegio María José y sobre todo con Virginia en el aula de apoyo. Las dos me ayudaron cuando yo tenía 9 años a escribir, a hablar, a hacer caligrafía, a socializar, también me enseñaron a comprar, a jugar juegos de mesa. Y mis profesores particulares a hacer los trabajos.

También me ayudo una compañera llamada Raquel a trabajar bien, a hacer el trabajo cooperativo me ayudaba en todo. Me sentía bien, aunque algunas veces perdía los nervios, pero lo solucionaba con ayuda de Don Antonio mi antiguo tutor. Antes me era difícil controlar mi ira, y me costaba no llorar, pero cada vez lo controlo mejor.

Pienso que algunas personas no nos entienden. No es una enfermedad porque no es algo grave; es una parte de ti, de tu cerebro, que te dice que eres especial; como una tarta en la que nunca sabes cuándo vas a elegir, la especial o la normal. Creen que somos raros, nos discriminan al vernos.

Tenemos derecho a encontrar trabajo y a un trabajo digno, me gustaría ser feliz, encontrar el amor, formar una familia, pero necesito que me lo expliquen bien, que lo adapten para poder hacerlo, considero que soy un buen trabajador, intento esforzarme y con apoyo soy capaz de hacerlo. Necesito que los profesores me traten con cariño y respeto, para que no me hagan sentir raro y tonto.

Hay personas que son muy importantes para mí, mis padres y mis hermanos, me han entendido, me han ayudado y me quieren. Para mí, mi familia siempre está a mi lado me quiere y me apoya, saben lo que soy, se dieron cuenta de que era especial, no sabía hacer muchas cosas, pero ahora se hacerlas. Cuando fui a un parque de atracciones en París se dieron cuenta de que era impaciente, cuando era muy tarde para montarse en atracciones. También mi abuela, siempre está ahí y me comprende para saber lo que quiero. Mis primos algunas veces me hacían bromas y algunas veces me hacían gracia y otras no. Mi cuñada también me ayudó cuando la conocí, nos caímos muy bien.

Mi profesora Débora me ayudaba a entender y comprender las matemáticas y siempre me daba premios, después estuve en grupo de amistad para tener compañeros y amigos, mi monitora Carmen me ayudó mucho. Isa y María José me ayudaban a comprender y a comportarme, aprendí a jugar, ganar, perder…

Quiero dar gracias a todos mis familiares profesores compañeros por entender y comprenderme, que siempre me apoyen y nunca me falten.

 

jueves, 6 de mayo de 2021

TÚ NO ERES UN MARCIANO (Sara)


 

Tú no eres un marciano (Sara)

 

Había una vez un profesor llamado Alberto que, después de haber pasado toda su vida trabajando duro, consiguió ser el director de un Parque de Ciencias que abrió sus puertas en la ciudad. El profesor Alberto siempre supo que era diferente cuando era niño, en lugar de sociabilizarse con los demás, se encerraba en su habitación con una montaña de libros de Ciencias, Matemáticas, Física…

 A pesar de eso, consiguió estudiar su carrera, trabajar como profesor y hasta ganar premios gracias a su esfuerzo y pasión por las Matemáticas y Ciencias. También, consiguió casarse con una mujer que le amaba y comprendía su situación.

 Una tarde, al pasear por el Planetario Digital, le llamó la atención un chico totalmente atento a las constelaciones. El niño iba vestido con un vaquero azul, una camiseta blanca del planeta Saturno y unas zapatillas negras con cordones blancos. No quitaba ojo a las estrellas.

El profesor Alberto sonrió y siguió su camino. Desde entonces, todas las tardes volvía a ver a ese niño que siempre visitaba el Planetario, para observar las estrellas y la representación del Sistema Solar. Se dio cuenta de que le gustaba la Ciencia, pero también se preguntaba por qué ese pequeño siempre estaba solo. Pues aunque había más visitantes, él estaba en su mundo.

Un día lo llamaron de un colegio para que diera una charla sobre Ciencia. Con mucho gusto, entró en una clase donde lo estaban esperando con entusiasmo. Pudo ver a todos los niños sentados juntos, menos un niño apartado en una esquina.

Para su sorpresa, reconoció al mismo niño que todas las tardes visitaba el Parque de Ciencias. Al verlo ahí solo, sospechó que algo le ocurría para ser diferente. En esa ocasión, tenía puesto un vaquero negro, una camiseta azul con estrellas, zapatillas rojas con cordones blancos y por fin podía observar de cerca su pelo castaño rizado y los ojos marrones

 El profesor Alberto se acercó a él y le preguntó:

- Hijo, ¿qué haces sentado tan apartado de tus compañeros?

El pequeño parecía tímido y con voz débil contestó:

- Yo no soy tu hijo.

El profesor Alberto sonrió y añadió:

- Perdona, quería decírtelo como cariño. ¿Cómo te llamas pequeño?

- Se llama “Marciano”.-contestó otro niño con un coro de risas que se escuchaban.

El pequeño bajó la cabeza, pero el profesor Alberto respondió:

- ¿Así se llama?

- Sí, se llama “Marciano”.- Contestó otro con muecas de burla.

- ¿Acaso se llama así de verdad? No lo creo. ¿No será que vosotros le llamáis así? Este niño seguro que tiene un nombre.

Entonces, volvió a dirigirse al pequeño para preguntarle:

- No tengas miedo, dime ¿Cómo te llamas?

Y el niño levantó la cabeza contestando:

- Me llamo David.

Al profesor Alberto se le ocurrió una idea. Les hizo una pregunta matemática que sólo David resolvió y como premio, cogió una silla, la colocó a su lado y dedicaba la charla para él. A David le gustó mucho la idea de estar al lado del profesor y que este le dedicara la charla en su honor, disfrutó con alegría el momento.

     Después de la charla, el profesor Alberto estaba preocupado por el trato que le estaban haciendo a David y decidió hablar con su tutor.

- ¿Usted sabe cómo le están tratando?

El tutor asintió la cabeza y contestó:

- Ese es su problema, si es diferente, normal que sea “la oveja negra” y todos vayan a por él.

El profesor Alberto no podía creer lo que estaba oyendo.

- ¿Y cree que así estando con los brazos cruzados y lavándose las manos se solucionan sus problemas? ¿No cree que necesita ayuda? ¿O es que usted no es consciente de lo que está sufriendo? Si es tan buen profesor demuéstrelo.

El tutor de David no consiguió contener su chulería y respondió:

- Oiga, yo soy profesor de escuela, no médico ni científico. Yo hago mi trabajo y usted no tiene por qué decirme lo que tengo que hacer. Si este niño es tonto no es mi problema. Y aunque sea bueno con los números, no sigue el ritmo de sus compañeros y eso es culpa suya. No pienso perder el tiempo con un niño tan raro.

El profesor Alberto, al oír esas palabras, se sentía furioso. Consiguió calmarse y una vez sereno, recogió sus cosas y haciendo llamar al director, volvió a dirigirse al cruel tutor y compañeros agresores:

- Bien, ya que he visto la manera de cómo habéis tratado a esta criatura y ha estado sufriendo mucho injustamente por ser diferente, por un problema que sospecho lo que puede ser, no voy a permitir que siga pasándolo mal. David se va a venir conmigo y en cuanto a usted, no se librará fácilmente. Todo el mundo va a saber lo que ha hecho y le aconsejo que ni se le ocurra volver a acercarse a este niño o las consecuencias serán peores. Así que tenga cuidado a partir de ahora o le pondré una denuncia.

El profesor Alberto consiguió llevarse a David, “todo irá bien, ya verás” le decía.

     Todos se llevaron una sorpresa, los compañeros agresores pasaron de la risa a un tenso silencio y el director del colegio, que no sabía exactamente lo que había pasado, se vio obligado a poner medidas e inmediatamente, despedir al malvado tutor y éste, pagó su delito.

Unas semanas después de que a David le cambiaran de colegio, ya la vida le sonreía. No sólo porque consiguió tener amigos y gente más comprensiva, sino porque el profesor Alberto consiguió ayudarle y su esposa psicóloga y logopeda, pudo resolver el problema que tenía.

Los padres de David estaban muy agradecidos por el apoyo y afecto que sintió el profesor Alberto hacia su hijo. Y también estaban muy agradecidos por el acto valiente de haber dado una lección, aquel día en el otro colegio.

Además gracias a él y su esposa, pudieron saber qué le ocurría al pequeño para ser diferente y por qué estaba solo. Desde siempre sospecharon de comportamientos extraños. La esposa del profesor Alberto conocía perfectamente el caso y no dudó en ponerse manos a la obra para colaborar en el diagnóstico. Lo sabía perfectamente porque lo había trabajado y lo vivió siempre de cerca.

Entonces, llegó un maravilloso día que fue el cumpleaños de David y todos tenían claro que el mejor lugar para celebrarlo, era el Parque de Ciencias. Donde tanto le gustaba y lo visitaba muchas veces como pasatiempo y también era su lugar de refugio. David estaba muy contento por celebrar su cumpleaños allí y consiguió invitar a unos amigos: Unos del colegio con quienes se llevaba bien, otros del Club de Ciencias y tampoco podían faltar, unos chicos de una Asociación que tenían el mismo problema que él. Allí pasó la tarde jugando y riendo como nunca se había imaginado. Estaba disfrutando de su cumpleaños y en el sitio que para él era su Paraíso. Y para esa ocasión, se había puesto un pantalón marrón, una camiseta blanca con un chaleco beige y unas botas marrones.

     Ya no era un niño tímido y triste. Aunque tenía su problema, ya estaba aprendiendo a vivir con él. De hecho, cuando llegaba el final de la fiesta y era hora de irse a casa, no podían faltar los regalos especiales que habían preparado el profesor Alberto y su esposa. Ambos tenían mucha ilusión de que le gustaran. Entonces David, abrió el primer regalo que preparó el profesor Alberto. Era un paquete grande y ¿qué era? Un telescopio.

- Esto David, para que sigas disfrutando de la astronomía que tanto te gusta y puedas ver las estrellas todas las veces que quieras. Es un regalo que te hago para que sigas con tu pasión y nunca dejes de soñar.

Le llegó el turno a su esposa y ésta le regaló un libro de Albert Einstein:

- Esto para que conozcas la historia de este científico que como tú, también tenía el mismo problema y eso no le impidió ser un genio. Te animo para que no te sientas triste ni te vengas abajo si eres diferente, Porque tienes muchas cosas buenas y podrás llegar a ser lo que quieras. Fíjate en él cómo llegó a ser grande en la Ciencia. Podrías serlo tú también.

David observaba el libro y exclamó mirando al profesor:

- ¡Mira, se llama Alberto!

Todos rieron hasta el profesor y comentó:

- Claro, además, ¿sabes una cosa? Que yo cuando conocí su historia me sentía identificado en algunas cosas. Cuando era niño me pasaba lo mismo que tú y en aquellos tiempos, las cosas fueron diferentes. Pero conseguí seguir adelante cumpliendo sueños y poder disfrutar de las mejores recompensas. Una de ellas encontrarme en mi camino a mi esposa, quien me ha ayudado mucho y he conseguido gracias a ella vivir día a día feliz.

El profesor Alberto puso una mano en el hombro a David y con una sonrisa, añadió estas palabras:

- Cuando te veía solo por aquí en el Parque de Ciencias, sabía que algo te pasaba y una vez que descubrí tu historia, por eso quería ayudarte. Hace años cuando era niño me pasaba lo mismo que tú y me refugiaba en la Ciencia como mundo de salvación. Poca ayuda tuve y muchas cosas las descubría solo, pero tuve la suerte de que a pesar de las cosas que me han pasado, no faltaba el empeño de vivir mi vida, estudiar una carrera y trabajar. Demostrar al mundo mis cualidades y ser una persona más.

David no dejó de escuchar las emotivas palabras de su amigo el profesor Alberto.

- ¿Te acuerdas cuando te llamaban “Marciano”? Tú nunca lo has sido ni tienes por qué serlo. Puede que cada uno de nosotros que tengamos el mismo problema, parece que venimos de otro planeta, Pero somos iguales ya sea como sea cada uno, somos personas y todos tenemos los mismos derechos. Nadie tiene que pisar a nadie por cómo sea ni reírse porque al final, cada uno tiene su propia vida y su propio camino y tú, mi amigo David, tienes el tuyo.

Con este discurso, David abrazó al profesor Alberto y se marchó con sus padres de vuelta a casa, muy feliz por la fiesta de cumpleaños inolvidable, los regalos y las sabias palabras que llegaron a su corazón. Unos días después, se presentó en el despacho del profesor Alberto por sorpresa en vaquero azul y una camiseta negra con la fórmula E=mc2 en el centro como una pizarra. Llevaba unas zapatillas estampadas con números. El profesor Alberto se rió al verle con un aspecto tan gracioso, original y matemático.

- Hola profesor Alberto.

- Hola David. Vaya, vaya. Qué camiseta tan chula.

- ¿Te gusta? Es la fórmula de Einstein, mi mamá me la regaló.

- Ya veo que te has hecho fan del gran científico Albert Einstein. Y David con un salto de alegría exclamó:

-¡Claro que sí! ¡Y quiero ser un gran científico como él!

El profesor Alberto entre risas aplaudió:

- Estupendo, David, ¿por qué no? Seguro que lo serás. ¿Qué te parece si damos una vuelta por la sala de Astronomía? ¿Y después te apetece tomar un batido de chocolate?

- Claro.

- Estupendo, pues vamos.

Y así fue cómo David pasó otra tarde más en el Parque de Ciencias con el profesor Alberto, muy contento y con muchos deseos de ser un gran científico y matemático como Albert Einstein.

 

 

 

 

martes, 27 de abril de 2021

EL TEA Y LA MANERA DE VER LAS COSAS (María)

 

El TEA y la manera de ver las cosas (María)


Hola, soy María tengo 24 años. Os voy a contar sobre cómo convivo con el Asperger.

 Espero que disfruten de mi historia y comprendan lo que es convivir con el Síndrome de Asperger, nosotros vemos el mundo de una manera diferente. Algunas personas no se dan cuenta que somos honestos, leales y muy buenas personas, no vemos la maldad de los demás porque no captamos las bromas, las ironías, los dobles sentidos, etc.

Todas las personas con TEA no son iguales, varias personas me preguntaban:

-¿Todos sois iguales?

Les decía que no, porque tanto las personas neurotípicas como las personas con TEA, tienen personalidades y gustos diferentes. Pensaba... si todos tuviésemos Asperger, el mundo sería más humilde habiendo paz y humanidad, sin que haya guerras, etc. Un mundo en el que no estuviésemos en la miseria, pero no todo el mundo es igual.

Mi historia comenzó yendo a la guardería, en los recreos siempre me quedaba en un rincón sola, nadie se me acercaba. Un día me dio una insolación, llamaron a mis padres, me recogieron para llevarme al hospital y me pusieron compresas frías para que me bajase la fiebre. En infantil conocí a compañeros nuevos, pero no compartían sus juguetes ni jugaban  conmigo hasta tercero de primaria, ahí es cuando empecé a sentirme sola.

En las salidas del colegio, siempre había un niño esperándome, para hacerme una  zancadilla, al caerme siempre me hacía heridas en las rodillas por culpa de ese niño. Mis padres me mandaban a hacer recados, pero me costaba entenderlos.

Me mudé a una casa nueva, conocí a vecinos nuevos, cuando éramos pequeños jugábamos todos juntos y a veces me decían bromas que yo no entendía. Me fui a otro colegio, yo intentaba acercarme a mis nuevos compañeros/as, pero me pasaba lo mismo que en el otro cole. Tuve que repetir sexto, durante ese curso, me empezó a gustar un compañero de la clase, se enteró que me gustaba. Pero no fue correspondido, así que lo usó para meterse conmigo.

Con 13 años, pasé al instituto peor aún, aquí comenzó todo mi calvario, me hacían muchas barbaridades: me encerraban en una clase y me agredían, me criticaban a la espalda, cada vez que entraba al Instituto, pasaba con inseguridad y miedo por los pasillos mirando a los lados sin saber qué es lo que me podía pasar, la gente me veía como objeto de bromas y burlas hasta terminar la ESO. Finalmente, aprobé la ESO.

Con 18 años me diagnosticaron en una Asociación de TEA en Jaén. Tras el diagnóstico, encontré mi lugar, donde me siento integrada y querida por los demás compañeros, monitores y psicólogos, gracias a esa asociación mi vida ha cambiado completamente: he conocido gente nueva, he aprendido a desenvolverme en diferentes situaciones y he conocido a una persona que es muy especial para mí, mi novio.

Veo que el mundo no es totalmente negro ni blanco, al principio no sabemos lo que nos pasa porque hay habilidades que no se nos dan bien a la hora de relacionarnos, pero tenemos habilidades y cualidades muy buenas que las otras personas no son capaces.

El mundo lo veo gris, aunque se nos presente algún obstáculo por medio del camino, no debemos rendirnos y superarnos. El lado positivo es que hay personas como los amigos, las familias, nuestros seres queridos, etc., que valoran y aceptan nuestra forma de ser, esas son las personas que valen la pena quedarse.

Mi vida era totalmente negra, porque sufrí bullying, siempre me sentía sola, no hablaba con nadie y cada vez que me pasaba algo me expresaba dibujando, escuchaba música porque era una forma de refugiarme y sentirme a gusto conmigo misma.

Quiero agradecer a la Asociación Asperger-TEA Jaén por ayudarme en este recorrido y por convertirse en mi segunda familia.

A mi familia por estar ahí, ayudándome y apoyándome, a lo largo del camino.

A mis compañeros y amigos de la Asociación que sin ellos no sabría lo que haría.

A mis amigos por aceptarme tal y como soy.

Al Asperger también porque sin él no sabría quién soy, gracias al Asperger he podido superarme y ser más fuerte teniendo la mente positiva.

 

miércoles, 21 de abril de 2021

MI VIDA CON ASPERGER (Héctor)

Mi vida con Asperger (Héctor)

 

 

Hola querido lector:

Está leyendo el relato que realiza una persona con Síndrome de Asperger con la finalidad de como es mi día a día. Mi nombre es Héctor y tengo el gusto de hacerte saber mi vida acompañado con este síndrome desde la fecha de mi nacimiento, si estás dispuesto, lo demás está en el resto. 

Además de pasar mucho tiempo apartado de los demás niños en los recreos sin apenas relacionarme por falta de entendimiento, no fui comprendido por muchos maestros, ya que desde el principio no se molestaron en saber mi peculiaridad que crea mi condición hasta que apareció una profesora que para mí fue un ángel caído del cielo que siempre recordaré.

Mi madre y los profesores que me entendían me insistían que no era culpa mía, debido a que yo tenía unas características diferentes que ninguno de ellos se preocupó en conocer. En cambio, la profesora a quien yo llamo mi ángel se llama Mari Mesas.

El día que repetí, desde que empecé el colegio ella le dedicó estas palabras a mi madre que, después, se hizo realidad  “no te preocupes, que verás cómo Héctor sale adelante”.


 

Después, gracias a mis profesores de apoyo puede salir adelante con la ayuda. A pesar de ello, seguía habiendo profesores que aún no me entendían y me etiquetaban como alguien que no se enteraba de nada. Aun así, me saqué mi E.S.O. y una formación profesional, aunque no era la ideal para mí, fui valiente y decidí terminarlo.

Antes de finalizar la E.S.O.,  me gustaría añadir otros datos: los compañeros siempre me tachaban como el último de la clase como si fuese la oveja negra en el rebaño. Si algún amigo tuve, veía raro dicho de algún modo, pues debido a eso me pasaba la mayor parte del tiempo apartado de la sociedad, ya que me sentía un incomprendido. Así pues, las tardes me las pasaba solo en mi habitación metido en mi mundo apartado de la sociedad y también me pasaba los días subiendo solo por el monte dando saltos como si fuera una cabra montés huyendo de algo, aunque, yo huía de la sociedad. Es como si fuese Quasimodo, pero en vida real.

Después cuando terminé los estudios, estaba deseando trabajar en algo en lo que fuera: quería probar de camarero, pero mi madre decía que debido a mis dificultades y  por perdida de atención que además era Asperger, también padezco de déficit de atención, por lo cual, aunque quisiera no podía mantenerme centrado. Como mis padres alquilaban apartamentos, yo me puse a aprender sobre limpieza, para poder ayudar a mi madre con ello. Ése es el trabajo que mas ejercí, debido a que no veía otra solución y aunque echase currículum no encontraba trabajo. Así, pues, durante mucho tiempo, me dediqué a limpiar los apartamentos con mi madre. No obstante, de ese modo trabajando con mi madre me sentía protegido ocultado del mundo que no me entendía, como dije antes, Quasimodo en su campanario.

Otras veces sí trabajé en algunos sitios, como en una cocina de auxiliar pero decían que no me enteraban con las típicas frases de mi pueblo, “si te lo expliqué ayer” cuando en mi caso me lo tienen que decir dos veces, dado eso, nunca volví a tener una segunda oportunidad. También trabajé en la aceituna, pero tantos ya que a mí en el pueblo no me veían como al resto, después, me encontré un hobbie fui al gimnasio que además daba judo. Aquí también me refugiaba era un modo de estar rodeado un poco más con la gente, cuando decidí seguir con judo era por el motivo de aprender a defenderme, ya que también iba con miedo a las agresiones por lo cual me motivó aprenderlo aunque sé que algunos también me veían como un chico hecho de una forma de ser extraña. Pero al estar rodeado me solté más, al principio en judo me dejaba mucho que me dieran palizas porque era incapaz de luchar llevaba siempre mucho miedo acuestas, hasta que un día decidí coger el toro por los cuernos, bueno más bien a uke (adversario) por las solapas.

Acudí a muchos médicos y solo uno en Úbeda me diagnosticó de síndrome de Asperger, que es un síndrome derivado del autismo, ya que nos comportamos de forma diferente a la sociedad; nos cuesta más relacionarnos y a la hora de aprender nos cuesta más, pues debido a esta condición mi madre se centraba en qué trabajos podría hacer. Camarero, como antes dije, no podría hacer.

A los casi 24 años me fui a una asociación de Asperger para que, además de ayudarnos a integrarnos en el mundo, nos buscaran trabajo adecuado a ello. Les di mi currículum para que lo mandase a un centro donde buscan gente con discapacidad, pero costó encontrarlo. En mi tiempo con mis compañeros asperger, al principio me costó aceptar lo que tenía, pero con  el tiempo me di cuenta que eran mejor que mucha gente y aquí encontré mi lugar, justo lo que necesitaba: se convirtieron en mi segunda familia.

Al tiempo conseguí encontrar un trabajo, conviví con otras personas. Ese año fue mágico porque tenía tantos miedos que con apoyos me ayudaron y me hicieron levantar cabeza. Era increíble el cambio que llegué a experimentar, desde entonces me animé a hacer lo que antes no me atrevía a hacer.

 


miércoles, 14 de abril de 2021

ANÁLISIS DEL MUNDO EXTERIOR POR UNA AFECTADA POR ASPERGER

Nueva colaboración de Cristina De Inés Ruiz, la mejor forma de comprender el Asperger es conocerlo. Desde este blog voy a colaborar con ASPERGER TEA JAÉN para darle más difusión.


ANÁLISIS DEL MUNDO EXTERIOR POR UNA AFECTADA POR ASPERGER

 

Mis contactos con el mundo Asperger parten del otoño 2011, cuando Asperger Madrid me diagnosticó dicha minusvalía a los 27 años.

Todo comenzó cuando, siendo pequeña, sufrí una afasia de Broca –también llamada  afasia motora o afasia expresiva- como primer ataque de epilepsia. Desde entonces me  fue muy bien con el fármaco y no había indicios de que la cuestión se complicara. El mejor recuerdo de aquella época es –junto con mis primeros años allí- haber aprendido oratoria, guitarra y canto coral –que tuve que dejar atrás para no tener que repetir hasta  de Bachillerato-.


No obstante, no lograba madurar al mismo tiempo que los/as adolescentes de mi época –falta de comprensión del ‘doble sentido’ y poca preparación para los imprevistos, fobia a las multitudes, sentidos muy desarrollados, demasiada sinceridad, necesidad de más tiempo para determinados aprendizajes…-. De modo que, tras salir del colegio, comencé un largo paseo por varias consultas de psicología clínica que no dieron con mi trastorno. Hasta que, por casualidad, di con aquella entidad pública que me facilitó nuevas amistades y con la que empecé a colaborar en los medios de comunicación.

Mientras el esperado diagnóstico llegaba, me gradué como técnico de FP en Gestión   Administrativa con notas altas; obtuve el permiso de conducción al año siguiente; aprendí informática, mecanografía y baile; y ofrecía recitales para el Día de la Mujer y el Día de la Violencia de Género por invitación del Ayuntamiento de Sabiote, que me obsequió con varios premios. También interpreté una obra de teatro de la poetisa local.

Entré en la Complutense por la vía de Mayores de 25 Años. Lo mejor es el saber – además, aprendí italiano-, así como la atención recibida por la Oficina de Inclusión a Personas con Diversidad, que me informó del voluntariado para el Departamento de Discapacidad y Salud Mental de Solidarios para el Desarrollo que conocían y con quienes colaboré esos años. Lo pasábamos muy bien.

Cristina de Inés.

En el mercado laboral, lo he tenido muy difícil: sólo lo he conseguido sin dar de alta y/o contratada temporalmente y sujeta a cursos de formación no reglada a nivel  bajísimo o profesora por obra/servicio. Como administrativa, desarrollé unas prácticas en un bufete de abogados y una clínica de psicología en Madrid y en una agencia de seguros de Torreperogil. Lo demás, desde los 19 años, colaborando en ONGs; ofreciendo recitales para el Ayuntamiento de Sabiote organizados por la Concejalía de Igualdad o ayudando a profesores de academia a petición de éstos mientras yo aprendía informática o baile; o mejoraba los idiomas.

Ahora, desde hace más de dos años, soy profesora particular de inglés aquí, en Sabiote –incluso trabajé en la Academia de la Guardia Civil de Baeza- y, desde el curso pasado, también enseño francés; lengua y literatura; historia; geografía y temario de concursos-oposiciones. El pasado verano, enseñé aquí nivel básico de guitarra. Y, poco antes, comencé a ayudar con trabajos de Fin de Grado o Máster y tesis doctorales.

También publico ensayos lingüísticos y literarios en inglés y francés, así como  documentos sobre el síndrome de Asperger, en redes como LinkedIn. En Facebook he conocido foros muy interesantes como La Mente es Maravillosa o Síndrome de Asperger, un cerebro diferente.


Del colegio sólo mantengo contacto con tres compañeras que me apoyaron siempre, pues ellas, siendo ‘normales’, sufrieron mucho con los estudios.  Y de la escuela de baile, la directora, que colabora con Asperger Madrid al vivirlo con un hijo suyo. El resto de mis amigos de antaño son de Solidarios para el Desarrollo, el psicólogo de Asperger Madrid que me dio el diagnóstico y que ahora está en la Fundación Ángel Rivière donde he hecho otro amigo ahora-, algunos compañeros y profesores de la universidad  y mis amigos actuales: Asperger-TEA Jaén, el Coro Parroquial –entre los cuales, hay compañeros míos del teatro-, mi amiga Ana Belén –que al igual que el chico de Ángel Rivière, es más joven que yo y me quiere como una hermana-, amistades en común con ellos y una chica de Asperger Granada.

Y aquí acaba una historia como muestra de que los cerebros diferentes, así como cualquier otra capacidad extraordinaria, jamás deben ser olvidados. Muchos genios de la literatura, la música, el arte, la ciencia, la psicología, la industria del automóvil o la filosofía se fueron sin saber qué les pasaba; pero demostraron que el ‘patito feo’, el ‘soldadito de plomo’ o cualquier otro diferente, con voluntad, puede incluso más que los cerebros más convencionales. El patito feo se convirtió en un elegantísimo cisne. Asperger Madrid, como prueba, tiene publicado en su web un documento de historias de triunfadores con una condición como ésta bajo el título El Asperger no es un cuento, pero te lo contamos. Y, entre los talentos actuales y futuros con este síndrome, figuran  el informático Bill Gates, la cantante Susan Boyle y mis compañeros de las organizaciones con las que he colaborado hasta ahora.


lunes, 22 de marzo de 2021

Mi madre, mi hermana, mi prima

Me pasa mucho y sin duda me seguirá sucediendo, cuando voy a algún lugar en el que no soy conocido, (la inmensa mayoría de lugares…) suelo escuchar comentarios de este estilo:

¿Y él es el que juega tan bien al ajedrez?

¿Y él es el psicólogo?

¿Y él ha publicado un libro de poesía?

También me pasa cuando salgo con una mujer, que indefectiblemente debe ser mi madre, mi hermana o mi prima. Si, esto es así, no puede ser mi novia, en ningún caso, ¡Imposible!

Mi sentido del ridículo me impide intentar hacer cosas que no puedo hacer. Pero jamás renunciaré a hacer todo para lo que estoy perfectamente capacitado.

Desgraciadamente se valora muchísimo más el parecer que el ser. Así, vivimos en un mundo de apariencias, despreciando la esencia.

Esta pandemia nos ha enseñado quién es realmente esencial, y no son famosos, ni los mejores pagados, pero son esenciales.

Esencia MEJOR QUE apariencia.

A continuación, un texto de A.J. Tamoy, sobre el que sin duda merece la pena reflexionar.




Con discapacidad para correr, no para llegar a la meta.
Con discapacidad para saltar, no para elevar mi espíritu.
Con discapacidad para bailar, no para divertirme.
Con discapacidad para oír, no para percibir el mundo.
Con discapacidad para ver, no para vislumbrar el horizonte de mi vida.
Con discapacidad para hablar, no para comunicarme.
Con discapacidad para tocar, no para sentirme vivo.
Con discapacidad… tal vez, pero, no muerto.
                                                                              

                                                                                        A.J. TAMOY.


Alejandro, un niño especial

  Alejandro fue un bebé que nació fuerte y sano. Se alegraron mucho de su nacimiento sus papás y sus hermanos mayores. A los dos años, c...